Pese a mostrarme reticente de ser patriota en cualquier lugar, más aún no podría serlo de este país, no podría serlo de esta miseria esperpéntica en la que ha degenerado España. Y siempre cuando ser patriota signifique amar los valores e ideales que desprende un país, podría perfectamente serlo, siempre sin superioridad de raza ni nación -en este mal cae el nazismo- y con internacionalismo, en cuanto fuese el país, hogar del pensamiento de un pueblo donde liberar de las trabas del capital al potencial del género humano, y abrir sendero por la igualdad, la libertad y la justicia en el que ver reflejado mi orden interno, que es el que, con ligeras variaciones de unos a otros, llevamos dentro los comunistas.
El patriotismo barato es el sentimiento animal del que vive y sobre el cual se sustenta en gran parte la derecha española, cuando millones de personas parecen sentirse orgullosos de hacerse parte de una -esta- España.
En la calle Génova de Madrid, frente a la sede central del PP, miles de sus votantes coreaban “Yo soy español, español, español” en la noche del pasado 20 de noviembre. Esa escena es definición gráfica de patriotismo animal y barato, que además, y como tal, es acrecentado por un odio irracional hacia quienes aspiran a la autodeterminación. Los comentarios más rancios se dirigen hacia los “separatistas” vascos y “catalufos”, y cuando uno parece haberlo escuchado todo, siempre le deleita un ejemplar español -madrileño o valenciano normalmente- con tan sabias palabras.
No hay argumentos, no hay razonamientos reales que se escondan tras burdos pretextos en frases preconcebidas, plantillas y moldes que todos ellos utilizan. Es la entrega irracional a una causa que no es, es la derecha actual de herencia fascista que ha podido adaptarse a una “democracia” durante una fraudulenta transición.
La derecha es la misma de siempre, el lobo sigue siendo el mismo lobo, y ha aprendido a no mostrarse como tal hasta que la situación no lo requiera. Prosperidad y paz social parecen limar asperezas, hasta que llega el día en que tiene que sacar la garra, y no vacilando ni un segundo.
Una derecha asentada de lleno en un país no se desvanece con la simple muerte de su dictador, mera figura de regencia. La misma derecha adopta nuevas formas, sin dejar de ser, exactamente, la misma derecha que ha sido siempre. Alianza Popular, que pasó a llamarse Partido Popular, fundado por Manuel Fraga Iribarne, Ministro de Información y Turismo del gobierno de Franco, es esa derecha, que a su vez es la misma que la de la CEDA. Distan en matices, pero su fondo jamás varía. Son ellos.
Podríamos decir que hasta entonces el fascismo ha sido como la energía. Ni se crea ni se destruye, solo se transforma.
Que nadie se engañe pues, que bajo el PP se esconde un gigante fascista. La cara “amable” que ha dado hasta entonces no va a ser la misma que empezará a mostrar ahora, cuando por necesidad de supervivencia tenga que mostrarse. El sistema se hunde y evitarlo es su garra.
Tampoco puedo pasar por alto al PSOE como enemigo del pueblo. De sus políticas de derechas cabe decir que a diferencia del PP, cuyas formas y bases capitalistas son innatas y de naturaleza propia, el PSOE se fue convirtiendo por sujetos externos integrados gradualmente en el partido, en un elemento prosistémico y acérrimo capitalista con tan solo algunas formas residuales de tendencia socialista de tiempos pasados. Ya no es siquiera el socialismo burgués que desarrolló durante la II República. El PSOE ha entregado su todo y el país a manos del capital, y esto es base de su hecatombe interna y su derrumbe en las elecciones.
Volviendo al tema central del correcto porqué de la negación de la patria en la izquierda española, quiero detallar que especifico correcto, por aquellos niñatos y estúpidos que renegando también la pompa nacional toman la bandera republicana como todo lo que hay que decir, haciéndose llamar rojos republicanos cuando no saben siquiera lo que quieren y esperan de la república. Desde luego nadie nace sabiendo, por eso mismo hay que formarse leyendo y no quedarse en actos sin ideas, en cuerpo sin esqueleto. Levantar cimientos. Lejos de alejar a nadie de unirse a la causa, lo que realmente pretendo es que se haga con conciencia y bases.
Estando en manos de unos pocos plutócratas capitalistas, alzar la bandera republicana es, hoy más si cabe, algo más que alzar un trozo de tela.
Ciudadanos de una España que no existe. Nuestros corazones quedaron en las trincheras.
Roja es nuestra sangre y tricolor es la bandera.
¡Viva la III República, federal y comunista!
Carlos Benetó.
Valencia, 4 de diciembre de 2011.
1 comentaris:
comparto tus sentimientos! en estos tiempos tenemos más bien pocos motivos de enorgullecernos de ser valencianos y menos de ser españoles.
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