Se ponen pelucas, se pintan la cara, se aprietan las faldas -tacones incluso- y lucen contentos un par de tetas que luego se tocan entre risas y gestos femeninos.
Hablo de la extraña afición que tienen algunos hombres de disfrazarse de mujer aprovechando cualquier fiesta. Debe ser un buen pretexto.
Hablo de la extraña afición que tienen algunos hombres de disfrazarse de mujer aprovechando cualquier fiesta. Debe ser un buen pretexto.
“Es divertido, nos reímos” nos dirían y se dirán a sí mismos -muy convencidos- seguramente.
Es digno de estudio sociológico además de patético. Pero realmente, ¿por qué hacen eso?
¿Qué hay detrás de esa aparente gracia sin gracia alguna que se repite en carnavales y fiestas de disfraces varias? Pues eso mismo me preguntaba yo anoche entre miles de tarados y alguna que otra persona por el barrio del Carmen, cuando me encontré varias veces con lo que arriba mismo he descrito.
Puede sonar precipitado lo que voy a decir, pero las pelucas, las tetas, y los tacones entre risas, son una experimentación del rol femenino -occidental- de forma subconsciente.
Lo cierto es que se puede producir tanto en sujetos heterosexuales -supuestos-, que pueden sentir -sin saberlo- la necesidad de experimentar el "yo femenino" de Jung, aunque sea de forma totalmente subconsciente, como en sujetos bisexuales u homosexuales.
No obstante existe un estrecho vínculo entre la experimentación del "yo femenino" y la tendencia homosexual, pero no alrevés, es decir, que no existe un vínculo entre la homosexualidad y esa experiementación.
Cabe decir que siempre están las excepciones de quienes siguen al grupo de amigos y que su disfraz no es más que hacer lo mismo que otros hacen. En los otros casos, es el 'no hay nada escrito' en la sexualidad y su lectura. El desinhibirse dentro de un disfraz con la supuesta jocosidad.
Seguramente, muchos de los que lo hagan jamás excederán los límites conscientes de la heterosexualidad ni a ellos mismos este acto les pase de la gracia de una noche en la que alcoholizados se tocaron las tetas haciendo de mujer. Pero en el fondo y sin ellos saberlo, han sido movidos por la experimentación de la sexualidad oculta, allí donde siempre hay un Sigmund Freud observando...
Carlos Benetó.
Valencia, 1 de noviembre de 2011.
*Entrada sujeta a ampliaciones por estudio.

1 comentaris:
Si es cierto que hay una curiosa obsesión hacia el travestismo y sin embargo no se generaliza el disfraz de mofeta, karateka, legionario o buzón de correos. Supongo que no tiene ninguna lectura psicológica profunda sino que es versátil, rápido y con miles de accesorios a mano, y con lo limitadito que somos los hombres de miras pues como que resulta muy práctico... digo yo.
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